¿De verdad llegamos a olvidar?
¿De verdad llegamos a olvidar?
Creo que hay épocas del año que te hacen estar más melancólico,
reflexivo. Si a eso le sumas la tensión o no del trabajo, la situación
personal, hay veces que la cabeza busca evadirse.
Una de las mejores evasiones es la imaginación…pero hoy voy
a hablar de la otra, el recuerdo.
Volver a un recuerdo, es casi siempre volver a un lugar que
te ha marcado, en este caso quiero hablar de recuerdos felices…o que vistos
desde la lejanía te parecen felices.
Porque un recuerdo es ese lugar seguro, ese lugar perfecto,
donde todo iba bien, donde, congelado, el mundo era mágico, ideal y ojalá
eterno.
El primer beso, el primer amor, ese viaje, esa aventura
apasionada…esa persona. Se que todos tenemos esos recuerdos, seguro que al leer
lo has sentido.
Y por eso me pregunto ¿realmente llegamos a olvidar?
Hay personas que hace más de 10 años que no veo y siguen
ahí, se ganaron un trozo de mí, una parte mí, o quizás me la robaron, no soy
capaz de decidirme, pero la cuestión es que están.
No sé si como ese dolor que te avisa que va a llover, ese
rugir de tripas cuando no has comido y pasas por restaurante, ese cigarro que
hueles cuando ya no eres fumador y aún sigue atrayendo…o quizás es como ese
rayo de sol que calienta en invierno, ese olor a casa de tu abuela que te trae
seguridad, esa comida de tu madre…
No, estoy seguro, no llegamos a olvidar, de hecho no debemos
olvidar, otra cosa es que no queramos, debamos o nos hayamos autoimpuesto
recordar.
Porque los recuerdos son perfectos y la vida no lo es,
porque lo pasado está en la mente y la vida sigue, evoluciona para todos y jamás
nada volverá a ser igual.
Y al terminar de escribir esto, como homenaje a ese recuerdo
eterno, a esa experiencia que me marcó, lo vuelvo a mandar a su pequeña
prisión. Porque lo único que deseo es que quede allí, sepultado por nuevos
recuerdos, que siga eterno, precioso, pero sin el poder de la melancolía, si no
con el valor de la experiencia vivida.
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