La foto
El marco era antiguo, pasado de moda, el cristal mostraba
las huellas de mil limpiezas, pero sobre todo las marcas de los dedos que día
tras otro lo cogían.
La foto, protegida por ese marco y ese cristal empezaba a perder
color, empezaba mostrar marcas en los bordes.
Es curioso, pensaba al ver esas imperfecciones, en la época
de los móviles, donde tenemos toda nuestra vida y recuerdos en las manos…vuelvo
y vuelvo a esta vieja foto, a estos viejos recuerdos.
Porque hay recuerdos que no dejas de usarlos, son como ese
jersey que tienes de siempre, y que poco a poco se deshilacha, pues los
recuerdos igual, van perdiendo la realidad y van transformándose en la
idealización.
Y la foto seguía allí, ¿era así todo lo que recordaba?, ¿ella,
él?
Daba igual, ya no era la realidad, era la sensación, el
transportarse a ese tiempo mejor, a ese anhelo de lo que fue, que le hacía
sufrir lo que era.
La foto perdía mes a mes el color, tornándose amarillenta,
pero el recuerdo era cada vez más fuerte, idealizado, imaginado, cambiado,
transformado.
Y que más daba, siempre le quedaría ese pasado para recordarle
el amargo presente.
Todos los días volvía a ver la foto, se torturaba con lo que
había sido y lo que había podido ser.
La foto como él, vivían en el pasado, retazos de algo que ya
nunca volvería a ser igual.
Qué malo es vivir de recuerdos
ResponderEliminarAl menos, en mi caso...