El jardinero y la rosa
En un remoto lugar vivía un viejo jardinero.
Quizás no era viejo en edad, pero sí en vivencias. La vida
lo había vapuleado bastante, y aunque sus ojos eran brillantemente azules, siempre
tenían un aire de vivir en otra época.
Este jardinero no era ni el mejor ni el peor, tampoco tenía
el jardín más grande, ni el más bonito, pero era su jardín.
En el jardín había habido bastantes plantas, unas habían crecido
fuertes, otras, por más cuidados que les diese no terminaban de crecer.
Por ello el jardinero día tras día perdía la fe en su trabajo,
en su buen hacer.
Cada vez le dolía más la espalda al agacharse, cada vez era
todo más complicado y cada vez tenía menos ganas de plantar flores nuevas.
Y decidió mantener las que tenía.
Se dedicó a ellas, pero cada vez más, sin saber por qué, se
pasaba más tiempo eliminando malas hierbas que cuidando plantas.
Cada día seguía perdiendo más la fe. Bien es cierto que
algunas plantas crecían y le daban satisfacción, pero cada vez veía que pronto
volvían a marchitarse.
Y las malas hierbas comenzaron a ser su día a día
Pero un día, en una parte del jardín que hacía mucho no
plantaba nada…apareció una rosa.
El jardinero la miró, era un mínimo brote, pequeño,
solitario.
Pero al mirarlo el jardinero vió vida, vio fuerza, vio algo
abriéndose paso
Y así mismo, en su interior, algo de la antigua pasión se
encendió.
Con mucho cuidado, eliminó las malas hierbas a su alrededor.
Con mucho mimo, le fue explicando a la planta todo lo que estaba haciendo.
Muchas veces se sorprendía pensando, ¿Qué me va a entender
una rosa?, pero el le explicaba por que quitaba esas hierbas, por que hoy le
echaba agua, por que un abono era mejor que otro.
Y poco a poco la Rosa iba creciendo
Y poco a poco el jardinero le iba contando su vida
Y el jardinero vio muchas cosas en la Rosa, su tesón, sus
ganas de vivir, su forma de agradecer los cuidados…pero también descubrió en
ella algo, un pesar interior, que a veces la hacía esconderse y no mostrarse
tan bella como era.
Y cada día el jardinero iba más feliz a trabajar por que
veía a la rosa crecer, por primera vez en mucho tiempo se sentía completo.
Seguía dedicándole tiempo al jardín, aún tenía miedo de
fallarle como jardinero a la rosa, había pasado tantas veces que ya ni
recordaba cuando había salido bien. Pero el jardín tenía su vida, las plantas
que no querían crecer se marchitaron, volviendo a sumir al jardinero en un estado
melancólico.
Pero la rosa, crecía…por primera vez el jardinero la veía
resplandecer
Y le buscó un mejor lugar en su jardín.
Un lugar donde luciría con su belleza.
Temeroso, le contó la operación a la rosa
“Querida e indómita rosa, eres ya grande y bonita para este
lado del jardín, te voy a llevar a esta otra zona, hay más sol, tendrás más
espacio”
Con infinito cuidado sacó la rosa de su terreno original y
la plantó en la nueva zona que había acomodado para ella.
La rosa brilló, le gustó el cambio.
Para el jardinero ir al jardín y ver a la rosa feliz, era el
mayor de los premios. Ya tirar las malas hierbas no era un fracaso, era hacer a
la rosa más bella.
Incluso cuando cuidaba a la rosa y se pinchaba ser reía a
gusto, ¿Cómo una rosa iba a saber que las espinas hacían daño? …y más a él con
sus dedos ya curtidos de mil golpes.
La rosa se convirtió en la ilusión del jardinero. En su
proyecto.
Su mente volvió a querer construir un jardín más grande.
Y le contaba a la rosa todo lo que iba a hacer.
Y le contaba a la rosa lo bonita que era.
Y la rosa era agradecida, abría sus flores con cada poesía,
con cada historia.
Y el jardinero era feliz…como no lo era desde hacía mucho
tiempo. Por que había conectado con una
planta…y no era una planta cualquiera, era un planta especial, que había
aparecido sin más.
Pero la rosa dejó un día de brillar.
El jardinero revisó el terreno, no veía nada.
El jardinero miró el abono y el agua y no vio nada malo
El jardinero acarició a la rosa con la mano, como tantas otras
veces y notó algo distinto, incluso parecía que la rosa no quisiera su contacto
y le pinchase a propósito
Que tonterías pienso – Se decía el jardinero.
Pero cuantos más cuidados le daba a la rosa, menos la veía
brillar, menos la veía crecer. Parecía que esa luz interior se apagaba.
Pero aún así, él la seguía viendo hermosa, sabía que no era
culpa de la Rosa. Seguro que algo estaba haciendo mal él .¡Seguro!
Y con ese empeño día a día cuidaba a la rosa.
Consiguió que no menguase más, que se mantuviera…pero no
tenía el brillo.
Miró su jardín.
La rosa había sido su última alegría, su último intento.
Y miró a la rosa.
Y entonces lo comprendió
Su corazón entendió a la rosa.
Y con lágrimas, que regaban a la rosa, mientras le hablaba con
el corazón, le dijo
“Indómita rosa
Tu viniste a mi jardín y me diste alegría
Indómita rosa
¿Quién soy yo para retenerte?
Indómita rosa
Seguro añoras tu rosal, tu jardinero
Indómita rosa
No te puedo retener si tú quieres estar
Indómita rosa
Solo puedo prometerte que me quedaré todos los días contigo…si
no desapareces
Indómita rosa
No te voy a pedir nada que no quieras dar
Indómita rosa
Ni construiré un jardín donde no quieras estar
Indómita rosa
Solo puedo prometerte que me quedaré todos los días contigo…si
no desapareces”
Y con esa última palabra, cayendo la última lágrima el jardinero
dejó a la rosa tranquila.
Por que descubrió que hay veces que por que uno quiera no va
a poder saber el mal que aqueja a las plantas…y debes darles el mayor voto de
confianza…que es creer en ellas, aún por encima de en uno mismo.
Y cerró la puerta del jardín, y en un último momento se giró
mirando a la rosa y le dijo…creo en ti.
Precioso relato. 💖
ResponderEliminarMuchas gracias, de verdad
EliminarEscribes tan bonito y tan melancólico.....
EliminarA veces no se ni cómo me siento al terminar la lectura.
Pero desde luego.... Todo es efímero, todo evoluciona, hacia un lado o hacia otro. A veces florece, a veces marchita.
😘😘
Muchas gracias.
EliminarEs una bonita historia, profunda y personal.
Creer en algo o alguien, es tan importante. Precioso 🌹🌹
ResponderEliminarSí, es fundamental. Muchas gracias
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