La Aldea - Parte 2
Este relato es continuación de mi primer relato de fantasía
la Aldea que podéis encontrar aquí.
Os pido que le deis una oportunidad, tiene un relato dentro
de un relato…espero que os sorprenda.
https://hansologps.blogspot.com/2021/07/la-aldea.html
RESUMEN
Annuvion es hombre de mediana
edad que reside en un pueblo apartado de todo. Un día reciben una visita de un
grupo de caballeros fanáticos que piden hospedarse y hacer reparaciones en su
pequeña aldea.
Los soldados de la llama, que así
se llama este grupo, están buscando a no humanos y gente especial.
Este hecho hace que Annuvion y un
elfo llamado Elohinor se escapen de la aldea, para avisar a un grupo de
refugiados que viven escondidos.
PARTE 2 - LA BIBLIOTECA
La lluvia caía con intensidad,
toda la fauna del bosque había buscado refugio.
Un solitario búho, escondido en
su agujero asomó la cabeza y extrañado vio a dos figuras atravesando el bosque.
Una de las figuras corría completamente en silencio, parecía que no tocase el
suelo, la otra resollaba y hacía casi tanto ruido como la tormenta.
Cosas de humanos. - Pensó y
volvió a cerrar los ojos.
Annuvion sufría siguiendo el
ritmo de Elohinor y lo que más le fastidiaba era que sabía que el elfo iba
lento para que no se descolgara.
Habían pasado ya varias horas
desde que salieron de la Aldea, otra vez una huida, otra vez una vida perdida.
Mientras sus piernas quemaban distancia, su cabeza no había parado de pensar.
No entendía que después de todo lo que ocurrió, allí estuviera él de nuevo…
Creo que me deberías explicar
quien es ella. – Dijo Elohinor sin notarse fatigado al correr.
¿Entre tus habilidades de elfo
está la de leer el pensamiento? -
Respondió Annuvion entre jadeos.
No me hace falta, tu cara refleja
los pensamientos. – y conforme lo decía los ojos de Elohinor brillaban con un
brillo felino.
Annuvion gruñó como respuesta.
Guarda tus fuerzas humano -
Respondió Elohinor. Dentro de poco descansaremos
Tras un trayecto que a Annuvion
le pareció interminable, Elohinor paró ante un pequeño camino.
La biblioteca – Dijo Elohinor con
respeto y melancolía en la voz.
Annuvion tomaba aire apoyado en
un árbol. ¿Una biblioteca? ¿Aquí?
Por toda respuesta, Elohinor
comenzó la ascensión por un camino oculto por la vegetación. Viejas pero firmes
losas cubrían el suelo, pero a los lados la salvaje naturaleza había tomado el
dominio, dejando casi oculto ese viejo desvío.
El camino discurría rodeando un
pequeño promontorio, para en un último quiebro llegar a una explanada, donde un
viejo edificio aún aguantaba en pie, pero al fondo, integrada en la montaña, se
veía la fachada de un edificio.
Annuvion miró sobrecogido el
lugar, se sentía una paz y a la vez una corriente de energía.
¿Lo sientes verdad? – dijo
Elohinor
Sí, hay algo distinto aquí. –
murmuró Annuvion.
Elohinor asintió dirigiéndose al
pequeño edificio. Cuando entraron, Annuvion pudo observar que el lugar estaba
limpio, vacío pero limpio. En el centro de la estancia había un agujero para
hacer fuego, marcas negras delataban que había sido usado. Pero aún así lo que
más sorprendió a Annuvio fue el olor, o más bien la ausencia de él. Lo normal hubiera
sido el olor a humedad o el dulzón olor a podredumbre de la vegetación en
descomposición, pero no…olía a limpio y ventilado.
¿Qué es este lugar? - Preguntó
Annuvion
La biblioteca – Volvió a
responder Elohinor mientras intentaba encender un débil fuego
Annuvion calló, conocía ese
carácter melancólico de los elfos. El que ha vivido mucho, está más veces en el
pasado que en el presente.
Se quitó la capota mojada dejándola
gotear en el otro extremo del pequeño edificio, extendió su manta y se sentó en
ella. Contempló al elfo, cuya mente volaba muy lejos…
Hace mucho tiempo, cuando aún los
humanos no erais una plaga, este era un lugar de conocimiento y sabiduría, un
lugar donde elfos y hombres compartían saber.
Annuvion calló dispuesto a
escuchar la historia del elfo.
Aquí había una biblioteca, quizás
no era la más grande, quizás no era la más hermosa, pero acumulaba el saber de
esta región, las tradiciones de los Elfos de las montañas, amantes de las
piedras y los árboles. Los conocimientos de los hombres, siempre transformando la
tierra , plantando, domando a la naturaleza. Las canciones de los Elfos de los
bosques, los relatos de los viajeros…
La biblioteca era un lugar
respetado por todas las razas. De hecho, era tradición que los jóvenes
acudieran a modo de escuela a conocer la cultura de las otras razas.
Fue un tiempo bonito, de paz,
comprensión, convivencia, comunicación
Pero todo pasa, todo acaba
Conforme los hombres crecían y
los elfos menguaban, la biblioteca perdió su importancia, hasta que solo quedó
un bibliotecario.
El bibliotecario amaba sus
libros, no entendía como nadie podía vivir sin leer, sin el olor a libro, sin
el ruido de las páginas pasar, sin la emoción de escribir en un folio en
blanco, sin la incertidumbre de que libro leer, sin la tristeza de haber terminado
un libro y dejar a sus personajes…
Por eso, intentó cambiar el
destino de la biblioteca.
Salió de ella y recorrió los
pueblos, intentó hablar con los miembros del concejo de cada localidad
explicándoles las bondades de la educación. Como un buhonero contaba historias
en las plazas para atraer a los jóvenes
Y la gente acudió a la
biblioteca, pero no como él creía.
Unos iban a que les leyera
cartas, otros iban a que les escribiera cartas. Grupos de jóvenes iban a que
les contara historias sin querer leer un libro.
Al principio el bibliotecario
disfrutó de tener gente, pensando que haciendo lo que querían conseguiría
acudieran más.
Incluso empezó a dejar libros a
quien iba a verle para hacer que volvieran…y sólo consiguió perder esos libros
Una noche un grupo de hombres
llegó a la biblioteca, eran de una aldea cercana, venían bebidos. Golpearon al
bibliotecario y le pidieron todo lo que tenía de valor. Le robaron las pocas
posesiones que tenía…y no contentos con eso, quemaron varias estanterías de
libros.
La risa se clavó en los oídos del
bibliotecario, no le dolieron las patadas ni los golpes, le dolió ver arder sus
libros y con ellos murió su fe en las personas.
Cuando se fueron, con las pocas
energías que tenía apagó el fuego…y enterró las cenizas de los libros como si
fueran una persona, junto a los antiguos bibliotecarios.
Conforme se recuperó, tapió la
biblioteca, donde antes había luz, ahora había oscuridad, donde antes había
ganas de enseñar ahora había odio…solo estaban él y sus libros.
Y los años pasaron y en la
comarca se olvidaron de la biblioteca. Si alguien iba no abría la puerta.
Demolió los establos para tener
madera para calentarse y luz para ver.
Solo estaban él y sus libros
El lugar de luz y de saber se
convirtió en un lugar de tristeza y oscuridad.
Una noche, en medio de una gran
tormenta, se escucharon unos débiles golpes en la puerta. El bibliotecario en
un principio ni les hizo caso, pensando que era el viento.
Pero continuaron sonando, cada
vez más débiles, arrítmicos.
Enfadado el bibliotecario se
acercó a la puerta.
¡No voy a abrir! – dijo mientras descorría
el visor
Vio a una joven, asustada, mojada.
El pelo pegado a la cabeza, las ropas rotas y desgarradas.
Algo se rompió dentro del corazón
de piedra del bibliotecario, algo olvidado, algo perdido…por primera vez en
mucho tiempo, sintió compasión, sintió algo distinto que la rabia que lo
invadía.
Abrió la puerta, y para su
sorpresa, recibió un abrazo de la indefensa muchacha
Ven niña ven – Le dijo
No tengas en cuenta el desorden,
ven caliéntate.
No tengo ropas de mujer, pero
tengo ropas antiguas y holgadas de hombre, cambiate aquí en el fuego, sécate,
voy a hacerte un caldo.
Y así, sin darse cuenta, esa
persona entró en su vida
Como si su lugar hubiera sido
ese.
La joven prácticamente no habló
esa noche. El bibliotecario sabía que algo había pasado, pero también sabía que
las cosas tenían que fluir.
Los días fueron pasando, al
principio la joven no salía de la habitación más que para comer, pero poco a
poco empezó a seguir al bibliotecario en su día a día. Él iba explicándole todo
lo referente a la biblioteca.
Le habló de su antiguo esplendor,
de los distintos libros que allí habían, de antiguos blibliotecarios, le leyó
libros y hasta le leyó los libros que él había escrito.
Y sin darse cuenta esa persona se
quedó en su vida.
Como si lugar hubiera sido ese.
Se iban conociendo en una
simbiosis pura, en una relación donde uno necesitaba dar y a otra parte
necesitaba recibir.
Una noche la joven le dijo –
Tengo miedo, no tengo nada que darte y tu me das mucho.
El bibliotecario rio y le
respondió – Tú ya eres bastante, ¿te parece poco haber devuelto las ganas de
vivir a este pobre loco y a este viejo edificio?
Pero…Eso es mucha responsabilidad
– Dijo la joven aún más asustada.
¿Responsabilidad? – dijo el
bibliotecario asombrado
¿Es acaso la lluvia responsable
de que te mojes?
¿Es acaso el sol responsable de
que se sequen los charcos?
¿Es acaso responsable el fuego de
quemar la madera?
La responsabilidad es algo muy
relativo querida niña. Uno es responsable de sus acciones, pero no de las
sensaciones.
No te entiendo – Dijo la joven.
Si tu me golpeas, es tu
responsabilidad. Si tu decides irte, es tu responsabilidad. Pero si a mi me
gusta tu compañía…no es responsabilidad tuya, si me gusta escuchar tu voz…no es
responsabilidad tuya.
Una sonrisa cruzo la vieja cara
del bibliotecario, quizás en un momento de su vida fue joven, ahora solo era un
hombre viejo…pero feliz.
Pero el mundo gira y hay gente
que parece que solo puede disfrutar de la felicidad en pequeñas raciones.
Pocos días después un
destacamento de soldados de uno de los nobles de las cercanías llegó a la
biblioteca.
La joven miró al bibliotecario y
le dijo debo irme…mi pasado me busca.
El bibliotecario la miró…-Que no
te busque, Encuéntralo tú, enfréntalo tú y hazte con él.
Y con un suave beso en la frente
la despidió
Se quedó en la puerta viéndolo
marchar, con la cabeza alta, como él le había dicho mil veces.
Y al cerrar se volvió a sentir
solo, la gran biblioteca se hizo inmensa y solitaria.
Los libros ya no le llenaban,
solo le hablaban de ausencias y de pérdidas. Solo le recordaban a compañeros
que ya no estaban, a momentos perdidos.
Y se dio cuenta que quizás era el
momento de tomar una decisión, quizás él solo no podía seguir en la biblioteca
más tiempo.
Durante un tiempo se dedicó a
cuidar los libros a taparlos, ordenarlos, clasificarlos. Él se iba a ir, pero
la biblioteca perduraría.
Y llegó el día de su partida y
cerró su habitación, pero en la sala de la lectura, donde tantos buenos
momentos había pasado, dejó dos sillas y el libro favorito de ellos dos.
Demoró la partida, recorriendo
por última vez todos los rincones , todos los estantes, despidió uno a uno a
los libros y se encaminó a la puerta.
Al abrirla una voz le sorprendió
¿No estarías pensando en irte?
Era la joven acompañada de un
pequeño grupo de niños.
¿Qué haces aquí?
He vencido a mis miedos – Le
dijo. Pero tú has de vencer a los tuyos también.
Tu has estado dándome consejos
para enfrentarme a mi vida, pero ¿Qué vas a hacer tu con la tuya?
¿Seguir encerrado solo y
amargado? ¿huir y abandonar por lo que has luchado?
El bibliotecario la miró,
orgulloso de ella.
Juntos abandonaron la biblioteca.
Ella continuó su vida, pero continuó visitando al bibliotecario en la pequeña
escuela que le ayudó a crear en su pueblo. De alguna manera, seguían unidos por
un vínculo que solo ellos eran capaces de entender y disfrutar.
Elohinor levantó la vista del
fuego
¿Y que pasó mas? – Dijo Annuvion
Elohinor rió….¿Qué más tiene que
pasar? ¿Todo tiene que tener un final para ti humano?
Quizás si llamas a la puerta te
abran…- dijo en tono críptico Elohinor
No busques finales si no los tiene
que haber.
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