La cabaña

 

Sigo pensando que hay una cabaña para nosotros.

Por más que pasa el tiempo, sigo pensándolo.

En un pequeño valle, con un rio cerca, rodeada de altos pinos, en un pequeño claro, camuflada entre la vegetación se encuentra.

El techo esta cubierto de un césped que crece por la humedad, excepto en la salida de la chimenea, sí, la chimenea es fundamental.

La estructura es de madera, rústica, tablones de árbol cortados y ensamblados, de madera irregular, tiene un par de ventanas a cada lado, pequeñas, lo justo para aprovechar la luz del día que deja pasar la vegetación.

La puerta es también de madera, cuesta abrirla por que pesa, es lo que tiene lo natural.

El interior es una amplia sala abierta, todo a mano, no necesitamos más ¿verdad?

Una estantería recorre una de las paredes donde están colocados unos pocos platos y vasos. Pero lo importante es la chimenea, con una gran alfombra en el suelo, un sofá de dos plazas (no necesitamos más) y en el extremo contrario una pequeña mesa empotrada en la pared.

Sigo pensando que esa cabaña existe.

Un lugar donde nunca hace frío, donde no te sientes solo, ni débil.

Un lugar que es refugio, hogar, casa, escapada y encuentro.

Un lugar que se ilumina cuando vienes y sonríes.

Un lugar que guarda tu olor cuando te vas.

Un lugar que siempre tiene un par de botellas de vino de esas que se que te gustan, no hace falta que te diga cuales son, porque sabes perfectamente que una me recuerda a ti.

Sigo pensando que esa cabaña existe

No se si en este mundo o en uno inventado, ¿pero qué más da? Los dos sabemos llegar a ella.

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