Te alejas

Te alejas.
Como ese barco que ves partir del puerto, poco a poco.
Como cuando abandonas en coche ese pequeño pueblo de tu infancia y vas viendo como el 
campanario de la iglesia se hace pequeño, dejando recuerdos, vivencias congeladas en él, 
esperando que vuelvas.
Y no se puede hacer nada, es el inevitable e inexorable paso del tiempo, es esta maldita ley de 
vida. Quizás en un mundo paralelo, quizás en alguna de las cuerdas de la teoría de cuerdas, 
quizás en una de ellas… no te alejes.
Y yo, como ese pintor que quiere crear la obra maestra, no puedo dejar de absorber cada 
segundo como si fuera el último, no puedo dejar de respirar como si fuera la última vez.
Como ese niño que come un helado no puedo dejar de saborear ese último lametazo.
Como un lector no quiero que llegue el último capítulo del libro.
Pero también soy aquel niño pequeño al que su abuelo enseño que los animales viven mejor 
en libertad y que enjaularlos, no es quererlos.
Soy aquel lector que acaba el libro y lo guarda en el estante y cada vez que lo mira, recuerda 
con cariño los momentos pasados.
Soy aquel padre que aún besa a su hijo por la noche cuando duerme y se queda rato mirándolo 
embobado desde la puerta odiando que crezcan tan rápido, pero a la vez orgulloso de ver en 
que se va convirtiendo.
Y sí, te alejas y yo dejo que lo hagas.

Comentarios

  1. Me identifico mucho con lo que usted ha escrito aquí; alegría cuando -de vez en cuando- lees a la gente de a pie, y no tiene nada que envidiar a los autores "consagrados"

    ResponderEliminar

Publicar un comentario

Entradas populares