Un café
El café humeante marcaba el
silencio entre ellos dos.
Una mesa, dos cafés, dos personas
que no se miraban, cada una mirando un café, sin mirarse entre ellas, un bar,
ruido, bullicio y ellos, ellos en silencio.
Él levanto la cara lentamente y
la miró.
En su cara una firme determinación
y una leve sonrisa.
Alargó su mano para atrapar la de
ella que no hizo ningún movimiento en contra.
Los ojos se encontraron, hablaron
como solo los ojos saben hacerlo, uno de los dos retiró la vista.
¿Quién? Qué más da.
Porque todo estaba dicho
Creando un mundo con sus mentes.
Porque no son necesarias promesas
de amor eterno, ni piropos maravillosos
No
No hay nada que pueda igualar a
esa conexión de darse la mano, de transmitir con el tacto, con los ojos.
Porque no hay mayor lenguaje que
el que solo dos personas entienden, sin palabras, sin más. Es conexión.
Y allí estuvieron cogidos de la
mano, uno en frente del otro, con dos cafés humeantes y con dos cuerpos
ardientes.
Al principio no entendía el significado de dos manos que se unen. Hubo una vez que alguien me cogió mi mano que descansaba en una mesa y me dijo: ¡Qué bien me siento cogiéndote de la mano! 26 años más tarde lo he entendido, esa mano es la que me acoge por la noches y me lleva al mundo de los sueños. Pocas cosas hay que te hagan sentir tan bien que una cálida mano que no te pide nada sino que está ahí para llevarte al mundo de los sueños.
ResponderEliminarEsa mano...transmite todo
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