El beso
Nos dolía la cabeza
De no haber dormido, de haber pasado la noche en los brazos
del otro, descubriéndonos, besándonos como animales y con la pasión de la ternura.
Nos dolía la cabeza
De los nervios, de la situación, de las esperanzas cumplidas
y de los miedos olvidados.
Nos dolía la cabeza y buscamos una farmacia que no encontramos,
lo cual nos hizo reír más.
Y decidimos pasear, en el fondo ese era el plan, actividades
de aventura…y que aventura estábamos viviendo.
Volvimos a la casa rural, hicimos algo de comida, pero en el
fondo solo deseábamos comernos el uno al otro.
Estábamos tan cansados que hasta decidimos dormir la siesta
por separado. Sí, éramos unos ilusos, lo sé, ninguno de los dos podía dormir,
deseando estar junto al otro.
Pero nos conocíamos demasiado bien, decidimos ir a tomarnos
un café, que acabó en el camino en un gin tonic.
Y allí ibas tú, con tu 1.75 de pelo rizado moreno, con tus
ojos verdes que parecían zafiros, con esa boca que no paraba de sonreír, con
esos labios carnosos y perfectos, con esa camiseta de tirantes que marcaban las
tetas más perfectas que he conocido, tanto en tamaño como en forma.
Eras una diosa de piernas interminables, de espalda de
ensueño y con un culo que enamoraba…
Y encima ibas de mi mano
Todo eso no lo ví yo, lo vieron todos los parroquianos del
lugar.
Los 4 que jugaban al mus.
Los dos que en la barra estaban con la copa de coñac y el
palillo en la boca
El bar se quedó en silencio cuando entramos.
Pero tú con esa gracia natural que tienes, pasaste. Seguiste
a lo tuyo.
Yo te miré diciendo, ¿nos vamos?
Y tú me sonreíste
Y en esa sonrisa venía implícito, sí, pero no ahora.
Pedí dos gintonic, recuerdo perfectamente que sonaba Dover
en la radio.
Y al girarme me estabas mirando tú.
TE di tu copa y nos miramos, brindamos.
Nos seguíamos mirando.
Y me besaste. No fue un beso forzado, ni largo, fue el beso
perfecto, intenso, suave, apretado, morboso, deseoso, tierno.
Tu mano subía por mi espalda hasta mi cuello al besarme
Y Dover seguía sonando
Y eso, eso era el puñetero cielo.
Y yo, era el hombre más afortunado del mundo.
Y tú, fuiste mi mejor beso.
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