EL PUB IRLANDES

 

Tecleo.

Palabras sin sentido pasan de mi cabeza a mis manos y de ahí se plasman en una pantalla, como recuerdos, como sueños imposibles, como heridas que se van abriendo conforme el relato avanza.

Llega el bloqueo, mi cabeza embotada no da para más. Siempre he usado las letras para vaciar, pero esta vez están atrancadas. Unos hablarán de inspiración, otros de musas, la cuestión es que no hay nada, mi cerebro esta asquerosamente seco y vacío.

Dejó mi escritorio, con una vieja foto juntos se despide al alejarme, las montañas de libros apiladas en equilibrio inestable, el portátil cerrando sesión y los envoltorios de caramelos recordándome mi relación de parentesco con Diógenes.

Cierro la puerta de mi casa, dejo atrás un mundo, pero mis recuerdos me acompañan como una jauría hambrientos que sacas a pasear. El frío me golpea ¿Cuándo ha cambiado el tiempo? Me refugio en mi abrigo, aún guarda olor a ti, otro recuerdo que se une a la fiesta.

Ahora me pongo a reflexionar de si vivir con los recuerdos es vivir o soñar, ¡ja!, la respuesta es clara, si recuerdas más que vives estas jodido. Y con esa sonrisa de perdedor abro la puerta de esa taberna irlandesa a la que voy a beber.

A estas horas aún no está llena de universitarios, solo hay un par de ejecutivos, deben ser extranjeros, bebiendo unas gigantes pintas de negra, una pareja en una esquina, buscando un lugar oscuro para sus confesiones…y yo, con mis recuerdos.

Pido mi primera pinta y me siento cerca del escenario, detrás de la televisión, no quiero distraerme. Es curioso, ya no se fuma, pero estos pubs tienen el humo como parte de decoración. Pronto me doy cuenta que un irlandés casa perfectamente con mi estado melancólico.

Poco a poco todos mis recuerdos se sientan conmigo, mis errores a la derecha son unos cuantos, algunos muy dolorosos de verlos en la mesa. Mis aciertos a la izquierda, pocos y muy tímidos.

Tomo un largo trago, de esos que dejan la espuma en la barba. Todos los integrantes de mi mesa me miran expectante, saben que en breve tendrán un nuevo compañero. Pero de eso se trata la vida, de tomar decisiones…y la que tomo ahora es tomarme otra cerveza.

Un grupo comienza a afinar en el escenario, siempre me ha gustado la música. Mi cobardía parece que va a tomar la palabra, pero como siempre se queda callada, melancolía parece segura de si misma que va a llevar la voz cantante otra vez, de hecho, es la jefa de todos mis recuerdos.

Pero voltea la cabeza, ha notado algo, hay una sensación nueva en la mesa, se llama ilusión, automáticamente pesimismo la mira con pena y le dice que no tiene sitio en la mesa.

Los miro a todos y los callo, aunque no lo parezca, soy el jefe aquí (a veces) y le cedo la palabra, tímida mira a todos y consigue sacarme la sonrisa.


Comentarios

  1. Cobardía, Melancolía y Tímida... El cóctel perfecto para dejarse sacar a bailar. Y que llueva, que ya escampará (que nos pille abrazados).

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