Remolón

 

Me desperezo remolón en la cama.

El otro lado esta vacío, un botella vacía y dos copas en la mesita son un mudo testigo de que no he estado solo.

Ropa tirada por el suelo, abandonada donde fue quitada me sacan una pequeña sonrisa.

El ruido de la ducha me hace acomodarme y asomarme al baño, puedo distinguirla saliendo de la ducha y secándose.

Disfruto de ese pequeño momento voyeur, de sus formas de ella, porque ella es todo.

Sus labios carnosos están fruncidos, concentrados, pero yo los recuerdo ardientes y por todo mi cuerpo.

Su pelo rubio, ahora mojado, cae en cascada, pero a mí me gustaba cuando me sumergía en él.

Sus senos, ahora tienen sus pezones duros por el frío del agua, pero a mi me gustaba cuando estaban duros en mi boca y mis manos.

Pero mentiría si al contemplarla solo veo eso.

No, ella es mucho más.

Los dos ya dejamos lejos los 40, la edad es un número.

Me encanta ella, mujer madura dicen, yo digo simplemente mujer, más que un cuerpo, con sus arrugas y deliciosas imperfecciones. Es una deliciosa conversación, es una compañera de viaje, es una pícara descarada, es una bailarina, una contadora de historias, una tímida dama y una pervertida diablesa.

Porque con la experiencia que te dan los años, aprendes a valorar la buena conversación, el sentirte cómodo, el juego, la seducción inteligente, los guiños, los roces, la pasión salvaje y descontrolada, sabes tus límites y los fuerzas.

Hacer el amor es una mezcla de ternura, aventura, improvisación, salvajismo, locura y de mucho humor y cariño.

Y ahora devorándola con la mirada recuerdo todo lo que me atrae de ella

Los nervios al vernos, ese primer beso donde me inundé de su olor, su incertidumbre al no saber que ponerse porque no sabía que restaurante había reservado…y su gran gusto al vestir.

Sus miradas primero tímidas y luego cada vez más seductoras, el primer tacto tímido cuando tomé su mano, sus sonrisas, su contoneo al levantarse e ir al baño.

Notar como mi deseo crecía expectante, con la misma rapidez que pasaba el tiempo esa noche, tener la certeza de estar viviendo algo que recordaría mucho tiempo.

Salir a la calle y empotarnos salvajemente, como adolescentes en celo, contra el primer portal. Dando rienda suelta al deseo contenido

Probar por primera vez esos labios, saborear su lengua, respirar el mismo aire.

Tocarnos, sentirnos, juntarnos.

Y caminar, de la mano hasta el hotel

Su mirada tímida mientras pedía la llave en la recepción, contra su actitud lasciva al meterme mano en el ascensor.

Cerrar la puerta y quedarme sin camisa.

Verla desnudarse andando hacia la cama.

Contemplar por primera vez su cuerpo desnudo.

Besarnos, besarnos ¡BESARNOS!

Lamernos.

Comernos.

Descubrirnos.

Y esa mirada tierna, directa a los ojos conforme entraba en ella, sin dejar de mirarnos, sintiéndonos, sus manos en mi espalda, lentamente entrando, cada milímetro, mirándonos, hablándonos en un lenguaje sin palabras.

Su dulzura al estar dentro de ella y comenzar a moverme sin dejar de mirarnos

Y su lascivia al girarme y cabalgarme como una amazona, mientras yo bailaba con su pelo y sus senos

Posturas, besos, caricia y gemidos.

Y risas, de satisfacción, de alegría, de vergüenza.

Y conversaciones entre batalla y batalla mientras reposaba en mi pecho.

Encontrar siempre ganas para una vez más, cada vez uno y sonreír juguetona al notar de nuevo mi erección y poner cara de sorprendida al decir ¿otro? Y morderse el labio sabiendo la respuesta.

No, ella no es solo un cuerpo, es mucho más y por esa combinación me atrae y me encanta.

Y por ello me levanto y me acerco a ella, mientras termina de secarse, porque nunca le podré decir suficiente lo que me gusta en todas sus facetas…y quizás la forma más sencilla sea besándole el cuello de espaldas, pegado a ella, mientras le giro la cara para besarle la boca.


Comentarios

Entradas populares