With or Without you

 

Apuré la taza de café.

Como solía ser habitual había llegado antes y me había metido en una cafetería a hacer tiempo.

Ya era tradición que el primer jueves de cada mes quedábamos, en el mismo hotel, en la misma habitación, a la misma hora. Por un tiempo, por unas horas nos olvidábamos de nuestra vida y creábamos algo nuevo.

Furtivos, como unos ladrones, nos buscábamos, nos necesitábamos.

La vida te pone pruebas que destrozan tu concepción del mundo, ella, como decía la canción de Nightwish es y será mi pecado. Grabada en mente y cuerpo, con una penitencia que me aplico mes tras mes de culpa y lamento y que vuelvo a saltarme.

Pagué y salí

El corazón palpitaba, como siempre. En esos momentos me sentía vivo, me sentía con todos los sentidos elevados al máximo de su capacidad.

Entré al hotel, crucé la recepción sin mirar y me dirigí al ascensor, piso 4, habitación 412, 7 toques en la puerta.

Me abre, nos abrazamos.

Poco más se necesita decir.

Es el idioma universal, durante un buen rato estamos así, sin movernos, conscientes el uno del otro.

Hasta que nos miramos y nos sonreímos.

Veo mil matices en su cara que es un reflejo de la mía, sus ojos brillan y su boca me llama y me abandono…

La vida me cae encima al entrar por la puerta de casa, mi solitario hogar me saluda con una risa ahogada, con un lamento de cueva de troglodita. Abro la nevera, saco una cerveza y una pizza congelada, pongo la tele y busco en Netflix algo que me lobotomice un rato, como todos los días.

No puedo avanzar, hace ya varios años que no estamos juntos y seguimos enganchados, no sé que nos falló, pero sé que lo que no éramos compatibles.

Estamos condenados a estar sin estar, a encontrarnos sin buscarnos, a vivir sin estar juntos, a pensarnos sin tenernos.

Como la canción de U2, I can’t live With or without you.






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