Tórridas tardes de verano
Tórridas tardes de verano.
Solo en la habitación, prácticamente
sin ropa, solamente vestido con el calor y la humedad te asalta esa sensación.
Tu mente vuela.
Vuelven los recuerdos imaginados,
lo que pudo ser y solo existe en tu mente, todas esas personas que de una
manera u otra te excitaron y aún lo siguen haciendo.
Las actrices de cine, las
cantantes, tu vecina, tu compañera de Universidad, la chica de Twitter que nunca
conociste, hasta aquella profesora…
Sin darte cuenta como si de una
ruleta todas ruedan por tu cabeza y una, sólo una toma el control de tu deseo.
A veces me pregunto cual es a
razón para que venga a la mente, pero da igual, poco puedo pensar.
Porque cuando el deseo se apodera
de la mente, la capacidad de raciocinio desaparece. Vuelves a ser el animal primario
e instintivo que ocultas tras tus capas de humanidad.
Y las manos recorren tu cuerpo,
pero sabes que no es el tacto lo que te excita, es tu mente.
Es esa invención que estas
viviendo, esa fantasía que para ti es real. Esa película, donde tu eres protagonista,
guionista y director.
Y mientras las manos comienzan su
movimiento lento y sensual con la experiencia de los años y el autoconocimiento,
tu cabeza recrea la vivencia.
La conversación, el tacto, sus ojos,
el sabor de sus labios, el calor de su piel y la suavidad de su pelo.
Los gemidos de su voz, la erección
de sus pezones, sus manos en ti y las tuyas en ella.
Ya no es imaginar, es sentir, es
acompasar el cuerpo y la mente.
Es un nirvana temporal, es ese
punto donde todo es un punto negro, donde te recreas en el placer por el
placer, tu mente imagina, tu cuerpo crece, bombea cada vez más rápido.
Y un punto blanco comienza a
aparecer en tu mente, la pequeña muerte se acerca, brutalmente el orgasmo
comienza a rellenar todo tu ser, cortando todas las conexiones de todos los
sentidos para focalizar en uno solo.
Vista y oído desaparecen para expandir
el tacto.
Y explotas, llegando el “The End”
de la película de tu mente, alcanzando el clímax y en ese momento…todo lo
idílico desaparece.
Como de una macroconexión, todos
tus sentidos se vuelven a encender.
Tórridas tardes de verano.
Que descripción más vivida, a la vez que sensual. Esas tórridas tarde de verano que quizás pueden acompañar te todo el año y estropear algo real
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