La muerte de los sueños
Admiro a la gente que escribe, a la gente que puede crear contenido, ya sea gráfico, ya
sea divulgativo, del tipo que sea.
Admiro la gente que hace un trabajo de la creatividad, creo que es el super poder
absoluto.
Yo, no puedo. Solo junto letras cuando me salen de dentro, cuando son “vomitadas”,
cuando las hago nacer como un hijo de angustias y sueños, de miedos y esperanzas, de
ilusiones y realidades.
Hace ya mucho que no escribo nada, la vida me ha zarandeado como solo ella es capaz
de imaginar, hacía mucho tiempo que no estaba tan congelado. Suerte que aún percibo
el calor de quien me quiere y me aprecia, pero todo lo que me está ocurriendo
últimamente me sobrepasa.
Pero esto es la vida, nadie dijo que nos iba a sonreír siempre. No puedo cometer los
errores de los que me quejo.
Porque si a algo le estoy dando vueltas es a la muerte de los sueños.
Suena duro, pero es así.
Toda la vida estás pensando, quiero unas zapatillas mejores, un móvil mejor, una casa
mejor, un coche mejor, unas vacaciones mejores. Pero llega un momento, no sé si es la
edad, la situación en que dices ¿para qué?
Y es duro darte cuenta de que ya estás en ese momento que la curva de Gauss pica
hacia abajo y poco margen de mejora queda, más bien, ojalá me quede como estoy.
Todo es una llamada al consumismo, a la superación, a mejorar, pero creo que hay que
mirar y darse cuenta del valor de lo que tenemos.
Y es quizás, cuando eso que tenemos se tambalea, cuando en vez de soñar tienes miedo
de perder, en vez de querer más necesitas mantener. Y aunque suene triste, en vez de
vivir…sobrevivir.
Hay épocas en que tenemos que sobrevivir, mostrar la sonrisa, ocultar la tormenta
interior, desnudar tu alma a quien son refugio y calma y evitar las tormentas.
Entrar en un tiempo de hibernación, de conservación.
Sentarte en un banco con alguien que te abrace y que no haga falta hablar.
Quizás los sueños no han muerto, se han convertido en realidades…
Quizás escribir sea la manera de soñar dentro de un sueño.
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